Al entrar en la que ya era nuestra casa, primera letra cobrada incluso, la primera sensación fue de asco.
Viendo un piso así, no puedes imaginarte desayunando en la cocina, celebrando una cena familiar, jugando con tu hijo.
Nos encontramos con las paredes amarillas y desconchadas, colillas por el suelo, charcos de lo que espero fuera agua, muebles que no me atrevería ni a tocar… Un completo desastre.
Sin embargo, superada la primera impresión y con relativa facilidad, vi solo un suelo y unas paredes. Nuestro suelo y nuestras paredes.
Hace pocos meses asistí a la reforma del piso de mis padres. Era también una reforma integral, por lo que tengo cierta idea de los pasos a seguir.
En este espacio, amigos y familiares, os iré mostrando con imágenes y comentarios el día a día de la obra. Así podréis compartir conmigo la ilusión y la desesperación, quizás dar algún consejo, o incluso coger alguna idea para futuras reformas.
Para la próxima subiré las primeras fotos del piso. Veréis que no he exagerado ni una pizca.